viernes, 3 de octubre de 2008

CAFÉ SOLO

No sé cómo se me ocurre buscarte fuera,
si lo que realmente me acerca a tí habita únicamente en mí.
Está claro que me amo con locura.

Tener paciencia
es poder esperar tres minutos
para volver a verte.
Hoy me he acercado hasta la barra de tu bar. No necesitaba tomar nada, sólo refrescarme durante el breve instante que durase el trago, con la vana esperanza de que ese microsegundo hubiera resultado tan insuficiente como para hacerme desear contínuarlo mañana. Hoy me he acercado con mis mejores galas, mi horquilla favorita, el maletín de cuero negro tuneado con pegatinas varias y propias, en blancos y negros, que no me atrevo a colorear por miedo a que puedan confundirse con la mentira que habitamos, cuando sólo muestran otra irrealidad que sólo nos atrevemos a mirar. Y sobre todo, mis ojos de los domingos, esos que proyectan el ser que llevo en lo más hondo. Era fácil que mi paciencia (tres minutos) no me hubiese permitido marchar del local hasta haber apurado hasta la última gota de tu compañía. Pero he cometido un tremendo error. He olvidado el tesoro que guardo en el maletín, una ingenuidad tan pura que me hace flotar, con la que miro al mundo diferente de cómo sucede, que me hace soñar con situaciones posibles únicamente en mi imaginación, imposibles por el mero hecho de haber nacido posibles dentro. Vamos que un microsegundo en tu barra se ha convertido en un tiempo infinito al que únicamente le importaba permanecer eternamente. Estabas demasiado preocupada por no entrar, mientras permanecías dentro de la barra, o quizás es que estabas dentro mientras permanecías fuera de la barra; o intentabas entrar al tiempo que salías o intentabas salir mientras entrabas. La verdad es que no lo sé. La cuestión es que no te he visto en el cuerpo que habitas, que bien pudiera ser que no te había visto habitando tu cuerpo como lo haces con habitualidad. Así que hoy, me he tomado sólo un café solo.

8 comentarios:

Ilusoluis dijo...

Habrás dejando, al menos, que los cafés lo pague ella, no?
Para compensar por el tiempo perdido, más que nada.

Sux dijo...

Se sale, sin más.

Besossssssss Bolondroooo

Nemes dijo...

Ella no paga nada, ni quiere cobrar... Es mi mundo de tiempo y cafés. Mientras, observo el mundo a mi alrededor, deseando que desaparezca la potencia y venga el acto...
Demasiados caracoles en una cafetería tan pequeña, no?
Besos para los dos...

Aníbal Barca dijo...

Este otoño es inolvidable.

Estáis todos guapísimos y guapísimas, por dentro y por fuera.

frik dijo...

... llegué aquí buscando bolondros de chocolate... parece un lujo que no puedo permitirme

Nemes dijo...

No te creas todo lo que se dice... los bolondros son muy accesibles...
Es posible que para conseguirlos sea suficiente una sonrisa...

Lidia dijo...

Me ha encantado.

(Y cuando te veo con la mirada turbia
Tan lejano, aunque en mi misma habitación…
Dime amor,
¿Por qué siento que te pierdo a cada segundo?
Se pierde un pensamiento o una caricia.

¡Tengo celos de tu cuerpo¡
Pues vislumbra ausencias sin término.
Ve todo lo que yo no veo
Y siente todo lo que yo no siento.

Quiero robarte el amor
Que no encuentro en tu palabra,

Ese detalle verbal que necesito).

For you. Sigue así.
Besitos de buenos días.

Nemes dijo...

Vivo con soledad la mayor parte del tiempo,
cocino para Soledad, en ella duermo,
vivo con soledad cuando en tus ojos me encuentro.



Hace mucho tiempo que no me encuentro
en esos ojos que miran hacia otro lado.


Gracias Lidia. Leyendo tu texto me encuentro, vaya sorpresa... Nos regalo iniciar un pequeño combate dialéctico...

Me gusta pensar que tanto las caricias como los pensamientos son los árboles que flotan en el aire, hay que plantarlos, cuidarlos y recolectarlos... los frutos que no se recogen siguen flotando en el aire hasta posarse en las manos, los labios, las cabezas de algún incauto que pasaba por allí...
Porqué tememos perder algo que nunca nos ha pertenecido?

Lo único que me gusta robar son esos besos que nacen para morir en mis labios...
Prefiero vivir el amor que se consuma en los hechos, aunque me gusta disfrutar esos dulces que me entran por los oídos...
Regálame mudos orgasmos.

Lidia me gustan los dulces que muestras a estos ojos.

Un abrazo aníbal, veremos qué pasa este año...