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domingo, 18 de enero de 2009

Hoy té

Has ocupado mis sueños
durante toda la noche. Te marchas mientras abres mis ojos, bajo de unos sueños que he olvidado,
me despiertas suavemente,
me despides con un beso
mientras me llevas de la mano hasta este último paso
que conduce a la consciencia.
Susurro tu nombre con la esperanza
de retenerte un instante más,
pero te alejas mientras se acerca
un nuevo día que ya está
aquí.
Siento cómo se enciende el fósforo delante de mi ombligo, hoy no desayuno el habitual café. Hoy tomo té, sólo.

martes, 13 de enero de 2009

Domingo por la mañana...

Fue una noche de composiciones culinarias en platos, de copas llenas que iban derramando líquido, de mi hermano pequeño en el hotel, grande hasta las trancas. De risas contagiosas, de mujeres enmascaradas tras divertidas muecas, abrazos fraternalmente húmedos al son de diferentes sones, ingenuas conversaciones acaloradas...
Anoche desfilaron ante mis ojos todas las mujeres del mundo, y con ellas, tras ellas, según ellas, supongo que más tarde en ellas, sobre ellas, bajo ellas... todos los hombres...
(y tras ellos sus maridos)
Amanece resacosa invernal mañana de domingo. Despierto sobre sábanas vacías mientras el cielo teje traje de nubes con las que vestirse. El calor de mi cabeza me acerca al puro que ya enciendo en la ventana, humo que termina sabiendo al humo del sábado.
Otra cabeza empieza a encenderse. Trabajo infructuoso el del móvil buscando vagina ansiosa de rodear mis carnes.
Trabajo que acepto hasta quitarme un peso de los cojones.

jueves, 9 de octubre de 2008

EFÍMERO

Tengo la sensación de que este instante es eterno. Es algo que sucede en mi cabeza, recuerdo falso mutante que sigo recreando, reviviendo diferente a cada momento. Me da miedo pensar que pudiesemos quedar así por toda la eternidad, tan cerca el uno del otro, tan lejos, por inmóviles, estáticos, sintiendo la cercanía del momento ansiado que no se producirá, que no va a germinar porque lo hemos decidido así, queremos que sea eterno, eterno acercamiento inmóvil. Me niego, reniego, maldito instante eterno, me encrespa sentirlo como un encadenamiento de seres idénticos, clónicos e inmutables, momento vivido durante una vida entera, deseo que se acabe el deseo, deseo culminar mi deseo, deseo acabar con este eterno instante instantáneamente encadenado a sí mismo. Con un gran esfuerzo tiro de mi cabeza con todas mis fuerzas y consigo, por fin llegarte. Poso y reposo, pito y repito. Glorioso instante que pudiera ser eterno... Es una suerte que la eternidad sea tan efímera.

CAFÉ II

Instrucciones: Para escuchar perfectamente la lectura de este texto es aconsejable extraer el teléfono móvil del bolsillo, bolso o el lugar en el que se encuentre. Encenderlo, ponerlo en modo muy alto, a ser posible. Con la esperanza y el deseo de que interrumpa la lectura en cualquier momento. Es importante permanecer atento a una posible llamada.
La música sigue sonando, como todos los días desde que te conozco.
Cliente: -Yo sólo quería un café. Camarera: -¿Con magdalenas? Cliente: -Con una buena conversación. Camarera: -¿Sólo eso? Cliente: -Solo un café, tímido. Camarera: -¿Tímido? Cliente: -Peor, cortado. Camarera: -Por el mismo patrón, supongo. Cliente: -Por el mismo que mis vecinos, pero cambiante en cada momento. Igualito vamos. Camarera: -Deme un momento, que me estoy perdiendo. Cliente: -¿En la conversación? Camarera: -En el café. No se olvide de que estoy trabajando. Cliente: -Pero, si no hay clientes. Camarera: -Estoy yo, ¿no le parece demasiado? Cliente: -No lo sé, es que a mí no me gusta el sexo sin amor y con dinero, prefiero un café cortado por patrones diferentes. Camarera: -Parece que ya me encuentro. Cliente: -Bienvenida al club pues... Camarera: -¿De los desesperados?... Cliente: -No, de los que pierden trenes que nunca han querido tomar. Camarera: -Como todos. Cliente: -O todos o ninguno. Camarera: -Aunque algunas noches, yo también te hecho de menos. Cliente: -Algunas noches, yo también me hecho de menos. Camarera: -Algunas noches consigo pensar en tí menos de diez veces, las menos. Cliente: -Yo sólo pienso en mí una vez, que dura toda la noche. Camarera: -Vayase usted a la mierda. Cliente: -En la mierda me deja cuando me coloca usted tan lejos. Camarera: -Puedo acercarme más, si lo desea. Cliente: -Aunque llegue a tocarme seguirá estando usted a un millón de años luz de esta galaxia. Camarera: -Ya veo. Cliente: -Lo que ahora veo no es sino el brillo de lo que en el pasado fue. Camarera: -Fue en el mismo momento en el que nacieron las palabras, y contínua siendo, ya lo verá usted. Cliente: -Lo fue, amiga mía, pues las palabras llegan tarde a mis oídos, apenas un instante después. Camarera: -El sonido es rápido. Cliente: -Mucho más lento que la luz. Camarera: -Natural. Cliente: -Como la química. Camarera: -¿Orgánica? Cliente: -Escatológica, de velocidad intermedia, o sea, más lenta que la luz que ahora inunda mis ojos, pero más rápida que el sonido que llegará hasta mis oídos. Camarera: -¿Qué quiere decir con eso? Cliente: -Que Luz ha muerto esperando a que llegase el ansiado sonido. Camarera: -¿Demasiado tiempo? Cliente: -Esperando. Camarera: -Entonces, ¿me acompaña esta noche?. Cliente: -Tendrá usted que disculparme ante sus sábanas. Camarera: -Comprendo. Cliente: -Sigo esperando una llamada.

HOY TÉ

Has ocupado mis sueños durante toda la noche.
Te marchas mientras abres mis ojos,
bajo de unos sueños que he olvidado,
me despiertas suavemente,
me despides con un beso mientras me llevas de la mano
hasta este último paso que conduce a la consciencia.
Susurro tu nombre con la esperanza de retenerte un instante más,
pero te alejas mientras se acerca un nuevo día que ya está aquí. Siento cómo se enciende el fósforo delante de mi ombligo,
hoy no desayuno el habitual café.
Hoy tomo té, sólo.

DISPARO

Hoy he encontrado uno de tus mensajes instántaneos, esos que me cuentan que revoloteo tu cabeza, mensajes que contienen las mayores burradas del mundo mundial y que por tanto me dan pie para soltar todas las barbaridades que se me pasan por la cabeza e incluso, me incitan a pensar en nuevas y más gordas. Eso me encanta, utilizar mi cabeza para vivir el más difícil todavía, pero en bruto, o sea, el más bruto todavía. Me relaja y descargo todo. Aquí llega algo BRUTAL, ¿preparada? Me has preguntado si he disparado, qué sutileza tan bestia, me encanta, tienes la desfachatez de tú, que te muestras tras una máscara de falso verdadero interés, igual que hago yo, preguntas por algo natural, que aparentemente no te incumbe, o que sí, de una forma directa y clara. Y yo, que me encuentro deseante de ser provocado, precisamente porque tus embistes me llevan a ese lugar que habitas del que todo desconozco, entro a saco en esta debacle que supone la inocente preguntita, cargada cual bomba nuclear, que has lanzado al espacio virtual y respondo. Sólo tienes que mover un poquito la muleta que llevas en tu cabeza para que este miura acuda al cite con toda su fuerza y nobleza. En este caso fuerza oral-escrita. Sexo escrito.

He vuelto a casa ignorando mi propio estado, pensando que estaba ebrio y cansado, saturado de todo, hasta que me has dado un toque, me has envíado esa chispa, en forma de mamada virtual, me has hinchado los cojones, o sea, que tengo dos testículos en forma de olla a presión... La boda ha sido muy divertida, hemos disfrutado de abundante y excesiva comida, bebida, risas y buena compañía, vamos un exceso en todos los aspectos. Después un bailoteo regado con abundantes cubatas, no me ha importado la música que sonaba, sólo me he preocupado de bailarlo todo, lo lento, lo de ritmo medio, lo rápido, agarrado, suelto... todo vamos. Durante todo el tiempo he estado concentrado en mi familia, mis hermanos, mis padres, mis sobrinos...

He estado viviéndolos intensamente, haciéndonos fotos, hablando, estando... En ningún momento me he preocupado por mis cojones, por buscar una bella damisela en la que descargar lo que me sale de los huevos. Pues no, no he disparado porque no he buscado el lugar adecuado al que apuntar, no he encontrado esa diana que se esconde entre tus piernas (se me pone el pene erecto cuando escribo estas letras. La diana que se esconde entre tus piernas, más erecto todavía). Inocente, diría que inconsciente, hasta que me he encontrado ese maravilloso mensaje (auténtica mamada virtual, que virtuosismo el tuyo, desde allí y sin tocarme). Según he leído tu mensaje me he dado cuenta de que venía con dos testículos en forma de olla a presión, que sólo se relajan cuando sienten cómo algo de gas se escapa por este pitorro que busca tu potorro, ese que repito, se pone erecto cuando piensa en la diana que se esconde entre tus piernas. Esta pistola, escopeta, cañón... torre no ha sido descargada, así que en ello me encuentro, zarandeando mi cabeza en la tuya, ahora te doy un beso, hasta conseguir el tan preciado orgasmo simúltaneo que provocan las palabras. Envíandote este polvo en forma de letras que espero sea un polvazo multiorgásmico (ambos sabemos que en tí es posible), cuyo único fin es el de conseguir que disfrutemos del momento que dura dura, te estrujo contra mi pecho, de esas retinas abiertas que devoran, que lamen y acarician este cuerpo de tipo, que es caricia, bocado, lametón de tu comentario, que comienzan en la cabeza y termina recorriendo hasta la úlima abertura de nuestros cuerpos, ahora te acaricio el pelo, que ya se han sumido en una impresionante vorágine líquida en la que se van mezclando hasta los fluídos que no están escritos, ahora te muerdo un pecho, para fundirnos y confundirnos en algo irreal que bien pudiera ser posible y que se muestra como imposible, y ahora te muerdo en el cuello, mientras mi mano aprieta tu pubis, Anubis, abre más la puerta que quiero estar dentro, agarro el pelo, presión que empuja a la presión y se crea más presión todavía. Dedos abriendo agujeros. Carne que entra en la carne. Aguas que encienden fuegos. Risas, más mordiscos, ahora cielo, luego suelo. Te me subes mientras bajo, ahora arriba y ahora abajo, te acaricio despacio, corro mucho y ahora paro, te doy la vuelta, beso oscuro y para dentro, descubriendo nuevas rutas, espera que este terreno no está preparado, nuevo cambio ya no espero, yo ya estoy se acerca el primero. Corro más pues ya lo veo, ya no escapa ya lo tengo. vamos, sigue llegando . Sigo empujando y ya embisto; tu cabeza contra la cabecera, que eso duele pero no pares y si puede ser más fuerte, más intenso, acelera el ritmo que voy viendo como se acerca un segundo, y sigo subiendo escaleras deseoso por llegar al tercero, y ahora se cansan las piernas y flexiono las rodillas y dejo que sea tu impulso el que me vaya acercando al cuarto, y como ya estoy cansado lleno de presión, sin más dilación estallo sin saber si hemos conseguido llegar hasta el quinto, aunque no hay quinto bueno, y todavía hambrientos, decidimos acabar con la tarde y con el sexto llevándonos todos los trofeos, que se han quedado en escaleras, empujones y líquidos que nos rodean. Ahora te suelto el pelo. Estamos empapados en nuestros fluídos, nos rodean, ha salido todo lo que estaba dentro, ahora no me calienta ni el fuego... Escribir este texto ha sido un auténtico placer... ¿Leerlo?

miércoles, 8 de octubre de 2008

CAFÉ I

Llevaba un año visitando su sonrisa todos los días, de cinco a cinco y media, para tomar ese café tan cortado que pasaba a ser tímido; ese café con sabor a intensos ojos marrones oscuros, cabeza perfectamente proporcionada, óvalo facial armonioso, largo y suave cuello, hombros rectos, brazos delicados y musculados, senos firmes y orgullosos, ombligo adornado por esférico piercing de turno, cerrada curva en cintura que se abre hasta la cadera en la que empieza caída libre por interminables piernas unidas a perfectos tobillos que acaban en proporcionados pies. Ese café con aroma a piel canela y miel, suave textura de cabello de ángel, largo, oscuro y rizado; que permanecía erguido, distante y frío al otro lado de la infranqueable barra. Ese café cargado de abundante humo, con unas gotas de whisky, escaso de azúcar y muy, muy corto de leche, servido en taza de cristal. Café de origen divino concebido en la inmensa luz del paraíso, cuyo fin era ser desterrado a las zonas más sombrías del local, antes de marearse y perderse, lleno de amargura, dentro de mis propias y oscuras profundidades. Entregado por manos maternales, que solamente en dos ocasiones osé acariciar timidamente durante todo este tiempo, simulando, encuentros casuales. Acto seguido, el momento más emocionante, esos ojos marrones oscuros se posaban en los míos sólo durante el breve instante que dura el frío: -Dos euros, como siempre- que me tiraba su agrietada, rota e insolente garganta. Al que respondía con un rápido movimiento de brazo derecho, casi imperceptible, con inicio en mi bolsillo y fin en un doble click sobre la barra. Todavía se encontraban ambas monedas en el breve recorrido hasta la caja registradora, que ansiaba resguardarlos, cuando el cristal de la taza podía verse desprotegido, sucio y desnudo. Ese café fulminado con la ansiedad del que tiene todo el tiempo del mundo para sí mismo, que no tiene ocupaciones y sólo sueña, durante el breve instante que dura el café, que puede materializar lo único que desearía hacer durante todos esos aparentemente infinitos segundos... Esto es lo que he venido repitiendo todos los días durante el último año; sin excepción. Pero hoy es diferente, hoy te observo mientras no pido con un suave movimiento de mis cejas el preciado oro oscuro, hoy tú, me preguntas extrañada, casi exaltada: -¿Café?-. Respondo tranquilo: -Hoy vengo servido de casa, gracias-.

viernes, 3 de octubre de 2008

CAFÉ SOLO

No sé cómo se me ocurre buscarte fuera,
si lo que realmente me acerca a tí habita únicamente en mí.
Está claro que me amo con locura.

Tener paciencia
es poder esperar tres minutos
para volver a verte.
Hoy me he acercado hasta la barra de tu bar. No necesitaba tomar nada, sólo refrescarme durante el breve instante que durase el trago, con la vana esperanza de que ese microsegundo hubiera resultado tan insuficiente como para hacerme desear contínuarlo mañana. Hoy me he acercado con mis mejores galas, mi horquilla favorita, el maletín de cuero negro tuneado con pegatinas varias y propias, en blancos y negros, que no me atrevo a colorear por miedo a que puedan confundirse con la mentira que habitamos, cuando sólo muestran otra irrealidad que sólo nos atrevemos a mirar. Y sobre todo, mis ojos de los domingos, esos que proyectan el ser que llevo en lo más hondo. Era fácil que mi paciencia (tres minutos) no me hubiese permitido marchar del local hasta haber apurado hasta la última gota de tu compañía. Pero he cometido un tremendo error. He olvidado el tesoro que guardo en el maletín, una ingenuidad tan pura que me hace flotar, con la que miro al mundo diferente de cómo sucede, que me hace soñar con situaciones posibles únicamente en mi imaginación, imposibles por el mero hecho de haber nacido posibles dentro. Vamos que un microsegundo en tu barra se ha convertido en un tiempo infinito al que únicamente le importaba permanecer eternamente. Estabas demasiado preocupada por no entrar, mientras permanecías dentro de la barra, o quizás es que estabas dentro mientras permanecías fuera de la barra; o intentabas entrar al tiempo que salías o intentabas salir mientras entrabas. La verdad es que no lo sé. La cuestión es que no te he visto en el cuerpo que habitas, que bien pudiera ser que no te había visto habitando tu cuerpo como lo haces con habitualidad. Así que hoy, me he tomado sólo un café solo.